ALBERT SESMA
Mi nombre es Albert y quisiera darles la bienvenida a través de estas líneas a una morada virtual, pero no se preocupen, son cosas de la modernidad. Imaginen un poquito y piensen que se encuentran viendo en mi estudio toda la obra que les presento con la máxima confianza, les muestro el cariño con que está realizada y el esfuerzo que he puesto para intentar, mínimamente, desvelar el misterio de la materia.
Les digo, de entrada, que finalicé mis estudios superiores, en Bellas Artes, en la Universidad de Bilbao, que fui discípulo durante cinco años de Antonio López, el gran maestro del realismo mágico, quien marca y, estoy seguro va a marcar para toda mi vida, mi trayectoria artística, pues a pesar de la diferencia generacional me considero amigo suyo, y son frecuentes las consultas que le realizo ante situaciones más o menos complejas, en materia pictórica.
Hasta el día de la fecha he tenido la suerte de recibir más de cuarenta premios en concursos nacionales e internacionales que me han animado mucho para acercar mis manos desnudas al lenguaje de los sentimientos e intentar transmitirlos de forma plástica.
Para el pintor tradicional la calle, hasta la llegada de Antonio López, era un espacio hostil y antipático, costaba encontrar pintura urbana, hoy día muchos artistas se han propuesto pintar lo urbano como un elemento más de la realidad, habitado por seres humanos y atravesada pertinazmente por interminables atascos en sus calzadas.
Pues bien, desde esa perspectiva, yo encuentro la forma más segura de comunicar mis sentimientos en el asfalto de las calles, en las aglomeraciones de personas, en los embotellamientos de las ciudades, que se convierten en jaulas, en la calle tranquila y empinada, por donde circula apenas alguna persona, en los atardeceres de polución y negrura, en los comercios de la ciudad, como elementos que me atrapan y a la vez rechazo.
La figura humana y el desnudo son otros elementos que conforman mi obra y, aunque según mis maestros debería dedicarle más atención, en estos momentos de mi vida me encuentro más sensible a sensaciones, de tonos y temática, que me presentan la rutina del día, quizá como acto de rebeldía, porque el arte es rebelde. |